Cómo ser vegetariano y mantener un consumo de proteínas saludable

Cada vez es más común escuchar que una amiga se convirtió en vegetariana o que una compañera está disminuyendo el consumo de carne drásticamente. El problema con estas decisiones no son la voluntad, sino la buena ejecución.

A la hora de apostar por el vegetarianismo nos comenzamos a plantear: qué comer, por dónde empezar o cómo incluirlo de forma natural. Esto, que puede ser tan sencillo de pensar es muy difícil de realizar. Y es que hay quienes no se organizan bien, y también hay quienes se sienten débiles porque no han sabido ajustarse a las nuevas necesidades. La pregunta es, ¿qué hace falta para convertirte en vegetariana sin comprometer tu salud, niveles de energía, e ingerir la cantidad óptima de proteínas vegetarianas? Basta con hablar con un profesional para darse cuenta de que la intención y la realización pueden ir de la mano y de manera natural.

De acuerdo al Dr. Julián Álvarez, especialista en Medicina Deportiva, nutricionista y miembro del Consejo Asesor de Herbalife Nutrición, las principales fuentes de proteínas de un vegetariano no estrictos, es decir los ovo-lacto vegetarianos, son los huevos y los derivados lácteos. “No obstante, en el caso de los veganos o vegetarianos estrictos las legumbres deberían ser una de sus principales fuentes de proteína, ya que son el grupo de alimentos vegetales con mayor contenido proteico. En este sentido, cabe destacar a la soja, ya sea en sus múltiples formatos, debido al alto contenido proteico de este alimento y por aportarnos todos los aminoácidos esenciales», explicó el experto a la revista Vogue.

Cantidad y calidad

Para este experto, el error más común que comete todo “nuevo vegetariano” a la hora de consumir proteínas es hacer cálculos demasiado globales, ya que cada proteína es diferente. “Por ejemplo, considerar la proteína como un todo, cuando en realidad es un nutriente compuesto por 20 aminoácidos diferentes y lo que realmente necesitamos son esos aminoácidos”, dice.

Otro error común que comenten los vegetarianos es considerar la cantidad total diaria de proteínas sin tener en cuenta la calidad de la misma. Álvarez asegura que este error nos puede llevar a tener deficiencias cualitativas por no ingerir proteínas de suficiente calidad, o nos puede llevar a deficiencias cuantitativas en algunas ingestas del día (sobre todo a la hora del desayuno) ya que la necesidad de proteína de calidad es continua y el aporte no suele serlo.

Para el experto, estos dos errores son bastante comunes ya que el aporte de proteína en la dieta vegetariana es un objetivo importante pero no fácil de cumplir.

Haz de los suplementos un aliado

Los vegetarianos suelen ser reacios al consumo de suplementos nutricionales, que puedan aportarles las proteínas que necesitan, ya que consideran que un alimento de ese tipo no es natural. Sin embargo, en muchas ocasiones los suplementos nutricionales ofrecen proteínas de origen exclusivamente vegetal y los métodos de cultivo y de extracción son mucho más respetuosos con los nutrientes que los utilizados en el procesado de muchos alimentos que si son aceptados por dichos sujetos, explica el experto.

Las consecuencias de consumir poca (o mucha) proteína

La proteína es el único macronutriente del que no tenemos reservas y sin embargo lo necesitamos continuamente porque nuestro organismo está continuamente envuelto en actividades de renovación y reparación de tejidos en los que la proteína es un componente fundamental. Por ello, el déficit de proteínas puede afectar a muchas de esas funciones, generalmente a las que tienen un recambio más rápido y por ello sufren más esa deficiencia. Entre ellos podríamos citar el sistema inmune, los glóbulos rojos y algunos tejidos de rápido recambio como el pelo y las uñas e incluso la piel. Todo esto podría verse afectado por una insuficiente ingesta de proteínas, aunque el organismo es capaz de utilizar las que tiene en otros tejidos (músculo) y, por ello, en la mayoría de los casos, el cambio más visible es la pérdida de masa muscular y secundariamente de masa ósea, algo que ocurre con cierta frecuencia en las personas mayores por esa ingesta deficiente de proteínas.

Por otra parte, existe una creencia popular de que un exceso de proteína daña el hígado y el riñón, pero no tiene ningún fundamento científico, ya que las cantidades de proteína que podrían poner en dificultades la capacidad metabólica de un individuo sano están muy por encima de lo que podemos consumir.

El desayuno sigue siendo el rey de las comidas

Al sacarnos del ayuno más largo del día (el ayuno nocturno), el desayuno es el momento del día en el que un buen aporte proteico es fundamental para mantener un buen funcionamiento del organismo y evitar que los aminoácidos (las pequeñas moléculas orgánicas que forman la proteína) que se necesitan sean robados de nuestros músculos. No caigas en la falsa noción de que lo importante en el desayuno son los carbohidratos y la energía.

Los huevos y los derivados lácteos son las principales fuentes de proteínas delos ovo-lacto vegetarianos.

Entrena el placer y mejora tu vida sexual con ‘mindfulness’

Pasamos nuestros días corriendo a todo lado, sin sentarnos y disfrutar el momento presente. Esto no solo afecta a nuestras vidas pero también a relaciones sexuales.

Una multitud de estudios recientes, entre los que destaca la publicación oficial que lanzan cada año desde la Academia Internacional de Investigación sobre Sexo, las nuevas generaciones quieren hacerlo menos, la frecuencia con la que se hace con la pareja también disminuye (un 40% menos que hace 20 años) y hay incluso quien le ha puesto fecha de caducidad al sexo dentro de las relaciones sentimentales (sí, como lo escuchas). David Spiegelhalter, experto en estadística de la Universidad de Cambridge, en 2030 tenerlo será la excepción. Algunas pensaran que esta loco mientras que otras pensaran que tiene toda la razón. David asegura que las justificaciones son un ritmo de vida cada vez más ajetreado en el que el trabajo toma el protagonismo y, en consecuencia, lo hace también el estrés, la hiperconectividad apoderándose de los momentos libres que antes dedicábamos a momentos de caricias e intimidad y la exigencia de que en el sexo hay que cumplir objetivos (llegar al orgasmo si o si).

En este contexto, es natural que mujeres y hombres se preocupen por cómo se desarrolla su vida sexual. En este sentido, el mindfulness ofrece una solución.

El mindfulness es una práctica que puede combatir la falta de deseo, la anorgasmia o la disfunción eréctil y lo hace a través de la meditación y replanteando por completo la forma en que concebimos las relaciones sexuales.

Esta técnica de meditación de origen budista se utiliza en para tratar tanto enfermedades psicológicas como físicas, además que es una práctica que trae muchos beneficios en el ámbito laboral ya que aumenta la atención, la concentración, la productividad y disminuye el estrés.

El mindfulness vive un apogeo junto a la creciente preocupación por llevar un estilo de vida saludable, centrado en vivir el momento presente en un mundo en el que la tecnología y el estrés se apoderan de nuestra atención.

El exceso de información, los estímulos que recibimos contantemente y los trastornos por ansiedad y estrés se traducen a anorgasmia, bajo deseo, trastornos de excitación o dolor con la penetración (dispaurenia) en el caso de las mujeres, y problemas de erección, eyaculación y también falta de deseo en el caso de los hombres”, asegura esta masculino”, señala la sexóloga Elena Requena en su blog. Todo esto genera relaciones no satisfactorias.

Para evitar ese camino, es necesario poner en práctica el mindfulness, que consiste en poner atención en la respiración, en la sensación corporal, observando cuándo la mente empieza a divagar y tratando de reconducir la atención a las sensaciones. Si lo haces durante 10 minutos al día, verás como vas entrando en un estado de atención plena, centrado en lo que ocurre y disfrutando de ello.

Aplicar esta misma lógica al sexo, tiene todo el sentido. La sexóloga Elena Requena afirma que “estar aquí y ahora es un requisito indispensable y el mindfulness nos ayuda a practicar y desarrollar esa atención plena que debería invadir todas las esferas de nuestra vida”.

El arte del placer

La idea de que el sexo sin orgasmo no es sexo, la presión de durar lo máximo posible, el juicio a nuestro propio cuerpo o el análisis de por qué la persona con la que mantengo la relación sexual actúa de una u otra forma, pertenecen al “mindfilled sex (sexo con la cabeza llena)”, de acuerdo a la investigadora Diana Richardson en su charla TEDx The Power of Mindful Sex en el que llama a la reflexión preguntando: “¿Y si utilizamos la cabeza pero para estar presentes, con conciencia del cuerpo y no perdidos en nuestros pensamientos? La atención, como en meditación, dirigida hacia dentro del cuerpo. Y el cuerpo entero en uso como un órgano sensitivo”.

El primer paso es tomar consciencia de los momentos de inatención. El segundo paso consiste en estar presente, sentir el tacto de nuestra pareja, su olor, el tacto… concentrarnos en el placer.

Existen varios estudios publicados que demuestran que la gente que practica mindfulness, en comparación con las personas que no lo hacen, tienen relaciones sexuales más satisfactorias en general y con un nivel de disfrute mayor. Además, padecen menos algunos de los problemas ya mencionados como impotencia, disminución del deseo sexual, anorgasmia o eyaculación precoz.

Además, y una de los beneficios más importantes del mindfulness en tu vida sexual, la vinculación amorosa con la pareja, de acuerdo a la experiencia de Richardon. “Tienes más nivel de intimidad con cualquier persona, independientemente de cual sea su orientación sexual o su identidad de género”.

No hay duda que aplicar el mindfulness a nuestra vida sexual nos ayudará a construir una erótica plena, lo que en consecuencia, nos hace sentir mejor con nosotros mismos y con el otro. Además de mejorar nuestra autoestima, nuestro humor y ayudando a combatir el estrés y la ansiedad. Y si estas razonas no son suficientes para comenzar a practicar mindfulness y mejorar tu vida sexual, no olvides de los beneficios sobre nuestra salud cardiovascular, e incluso en la salud de nuestra piel, que tienen ambas practicas.

Los seis nutrientes que deberías consumir si quieres embarazarte

La especialista en nutrición Verónica Ayala de la Clínica Los Ángeles no revela las bases de una alimentación adecuada antes de la preconcepción y durante.

Con una correcta reserva de nutrientes en nuestro organismo, evitamos o disminuimos la posibilidad de ciertas patologías tanto maternas (anemia por ejemplo) y fetales (defectos del tubo neural – espina bífida por mencionar algunas); tener un peso adecuado y desechar ciertos hábitos nocivos por el bien nuestro y del futuro niño, nos dice la especialista.

Pero más que alimentos, ella sugiere incluir ciertos nutrientes en la dieta cotidiana. Si bien, es cierto que una alimentación saludable debe ser variada y debe contemplar todos los nutrientes, en la etapa de pre concepción se hace imperativo el adecuado consumo de:

HIERRO: Nutriente vital en esta etapa. Está presente en la carne roja, hígado, leguminosas (lentejas, porotos, garbanzos, tarhui) y vegetales de hoja verde, mientras más intenso el verde, mejor: espinaca, acelga, verdolaga, rúcula, etc.

VITAMINA C: Potente antioxidante y responsable de mejorar la absorción del hierro consumido en la alimentación. La encontramos en frutas cítricas como el limón, mandarina, naranja, pomelo; kiwi, arándanos y frutilla.

ZINC: Micronutriente encargado del fortalecimiento del sistema inmunológico y el correcto crecimiento del desarrollo de los tejidos en el niño. Presente en las carnes, huevos, cereales (trigo, avena, maíz, quinua), lácteos y productos industrializados fortificados como la harina de trigo.

ÁCIDO FÓLICO: El consumo diario de al menos 400 microgramos (en tabletas) de ácido fólico reduce entre un 50 y 70 por ciento el riesgo de defectos del tubo neural en el bebé (como espina bífida) y en un  50 por ciento la probabilidad de un aborto espontáneo durante el primer trimestre. Se recomienda consumirlo mínimo tres meses antes de concebir. En su estado natural, se encuentra en vegetales de hojas verdes (acelga, espinaca, verdolaga, brócoli), cereales integrales, legumbres (lentejas, arvejas secas) y frutas cítricas (naranja, principalmente).

CALCIO: Nutriente responsable de la salud ósea y dental en el niño y la mamá. Presente sobre todo en lácteos y derivados (leche, queso, yogurt, mantequilla), legumbres (lentejas, porotos, garbanzos, tarhui, habas y arvejas), frutos secos (almendras, nueces, pistachos, avellanas).

VITAMINAS DEL COMPLEJO B: Particularmente la B12, para evitar un tipo específico de anemia. Está presente en las carnes rojas, hígado, yema de huevo y cereales integrales (arroz, avena, maíz, quinua y todos los productos elaborados con ellos).

Resolviendo dudas:

¿Cuántas veces al día debo comer?:

Una alimentación saludable clásica incluye 4 a 5 tiempos de comida al día, pero es bien sabido que este número puede cambiar de acuerdo a las necesidades de cada una de nosotras, ya sea por la existencia de patologías de base (sobre todo gastrointestinales) o por preferencias, disponibilidad horaria y la actividad física. Es totalmente relativo y especifico a cada una de nosotras.

Adiós hábitos nocivos y a moderar ciertos consumos:

Antes de embarazarnos, debemos eliminar los hábitos nocivos por el bien del bebé y el nuestro también. Algunos son obvios como el consumo de cigarrillos y alcohol, pero otros no son tan evidentes como el consumo de azúcares que debemos consumir de forma moderada. Las gaseosas y refrescos comerciales, golosinas y otros no son recomendables en el embarazo. Al igual que las grasas saturadas (frituras y grasa animal), es decir, nos guste o no debemos evitar la comida chatarra.

¿Nuestra alimentación debe cambiar durante la gestación?

La alimentación cambiará según la etapa gestacional en la que estemos: al principio, cuando las náuseas y vómitos son frecuentes, se recomienda una dieta fraccionada (cantidades pequeñas y más veces al día), baja en grasas saturadas (grasas de origen animal y frituras ante todo) e irritantes gástricos (picantes, frituras y alimentos muy condimentados).

Con el paso de la gestación, el consumo de alimentos de todos los grupos es vital para asegurarnos un correcto aporte de nutrientes. También, debemos mantenernos hidratadas, no abusar de alimentos procesados y altos en sodio, grasas saturadas y azúcares simples. Tenemos que consumir alimentos con fibra (con cáscara, salvados o semillas añadidas) y realizar actividad física (de preferencia al aire libre).